
Quizás deba pasar mucho tiempo para que, éste, cure algunas heridas. Sin embargo, seguro estoy que en la cicatrización de esas heridas ayuda muy mucho ese medicamento llamado "Indulgencia", un medicamento que combate el virus del rencor, del odio y del resentimiento. Ese virus que algunos, y algunas, parece que nacieron con él, y que como decía aquel anuncio de la cucarachas, nacen, viven y se reproducen. Pero claro, también mueren. Un poquito de fly fly, y fuera perros.
Recuerdo como con pluma cervantina desvariaban y calumniaban, lanzando preguntas e improperios, pero... ay aquel, que todo se volvió en su contra. Quisieron manchar y deshonrar, y finalmente la mancha de tinta china cayó sobre ellos, y ellas, así que para el resto de los días tendrán ese lamparón en su "inmaculada" camisa. Y decían, "yo me pregunto...", "y ahora que dirán...". Ganas me dan de reir, o de decir aquello que decía Chiquito en uno de sus chistes, "iho putarr".
Quizás, esa misma camisa que más de una vez cambiaron, vendiendo su alma al diablo para conseguir lo inalcanzable, tanto que, aún casi llegando a Finesterre, acabarán finalmente camino del precipicio. Aún quedan algunas ramitas en el árbol a las que agarrarse, pero el suelo está cada vez más cerca.
Son esos, que cuando hablan, lo hacen de un modo que dejan a las claras sus complejos de inferioridad históricos. Y es que el tiempo pone a cada uno, y una, en su sitio.
Afortunamente, y aquellos y aquellas que me conocen lo saben, no soy rencoroso, no digo que indulgente, válgame Dios, pero claro que puedo perdonar, pero no olvidar. Lo triste de todo, es que en demasiadas ocasiones pagan justos por pecadores, que injusticia.
En fin, que hoy me ha pillado el cuerpo con estos arrebatos, ni siquiera sé porque se me ha venido todo esto a la cabeza, pero negro sobre blanco queda. Por cierto, efectivamente, no todo vale.
Recuerdo como con pluma cervantina desvariaban y calumniaban, lanzando preguntas e improperios, pero... ay aquel, que todo se volvió en su contra. Quisieron manchar y deshonrar, y finalmente la mancha de tinta china cayó sobre ellos, y ellas, así que para el resto de los días tendrán ese lamparón en su "inmaculada" camisa. Y decían, "yo me pregunto...", "y ahora que dirán...". Ganas me dan de reir, o de decir aquello que decía Chiquito en uno de sus chistes, "iho putarr".
Quizás, esa misma camisa que más de una vez cambiaron, vendiendo su alma al diablo para conseguir lo inalcanzable, tanto que, aún casi llegando a Finesterre, acabarán finalmente camino del precipicio. Aún quedan algunas ramitas en el árbol a las que agarrarse, pero el suelo está cada vez más cerca.
Son esos, que cuando hablan, lo hacen de un modo que dejan a las claras sus complejos de inferioridad históricos. Y es que el tiempo pone a cada uno, y una, en su sitio.
Afortunamente, y aquellos y aquellas que me conocen lo saben, no soy rencoroso, no digo que indulgente, válgame Dios, pero claro que puedo perdonar, pero no olvidar. Lo triste de todo, es que en demasiadas ocasiones pagan justos por pecadores, que injusticia.
En fin, que hoy me ha pillado el cuerpo con estos arrebatos, ni siquiera sé porque se me ha venido todo esto a la cabeza, pero negro sobre blanco queda. Por cierto, efectivamente, no todo vale.